Cultora de la “narrativa del yo”, la francesa Ernaux ganó el Nobel

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Nacida en 1940, en coincidencia con la ocupación nazi de Francia, hasta sus 10 años vivió en el café y salón de dancing que administraban sus padres, un lugar “sucio, feo, vomitivo”, tal como se referia ella a su ámbito familiar infantil, en un pequeño pueblo sin historia en Normandía, Yvetot. Ernaux abandonó el lugar gracias a sus estudios y a un diploma de Literatura Moderna. Su primera novela, la que le daría la clave al resto de su obra, que se fue radicalizando más a medida que pasaba el tiempo, fue “Los armarios vacíos” (1974), una obra de tono áspero y violento. En ella, la protagonista describe con ira los dos mundos incompatibles en los que se desenvolvió de adolescente: por un lado la ignorancia, la grosería de los clientes borrachos del café, la estrechez mental de sus padres, y por otro lado, “la facilidad, la ligereza de las chicas” de clases más acomodadas con las que convivía en la escuela.

Sus obras fueron girando en torno de ese pasado familiar. Ernaux reparó lo que considera una traición respecto de sus padres con “El lugar” y “Una mujer” (1988). Otra de sus novelas que provocó amplia repercusión fue “El acontecimiento” (2000), sobre el drama de un aborto clandestino que sufrió en 1964, y que fue llevada al cine el año pasado. Su estilo seco y sin lirismo ha sido denominado “autobiografía impersonal”.

Con “Los años” (2008) evocó el destino de toda su generación, la de los hijos de la guerra marcados por el existencialismo de la posguerra y luego, en los años 60, por la liberación sexual. A través de la evocación de objetos, palabras, canciones, hasta emisiones de televisión, reencarnó esos años accidentados. En el último Festival de Cannes, en mayo, Ernaux retomó ese itinerario pero con formato audiovisual, con decenas de pequeñas grabaciones familiares en super 8, filmadas por su exmarido entre 1972 y 1981. El resultado fue “Les années super 8”, presentado durante la Quincena de Realizadores. “Soy una mujer que escribe, eso es todo”, dijo a la prensa durante el festival.

Ganar este Nobel supone una “responsabilidad” para “continuar el combate contra todas las injusticias”, incluso si la literatura “no tiene forzosamente una acción inmediata” sobre esas situaciones, declaró ayer en rueda de prensa. Una de sus modelos es la feminista Simone de Beauvoir, de la que tomó prestada la atención dispensada en el texto a los detalles de su vida: “La vergüenza” (1997), sobre su pérdida de virginidad, el aborto clandestino de “El acontecimiento”, el fracaso de su matrimonio en “La mujer helada” (1981) o la experiencia de un cáncer de mama en “L’usage de la photo” (2005). Con “Pura pasión” (1992) describió de manera cruda la enajenación amorosa. Sus libros gozan de traducciones al español a través de las editoriales Tusquets y Cabaret Voltaire. Anteriormente, había ganado, entre otros, el premio Renaudot en 1984, y fue finalista del Booker International en 2019.

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