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Transformaciones en el mundo del trabajo

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La Fundación Friedrich Ebert publicó una investigación que arroja luz sobre los cambios que atraviesa el mundo laboral en Argentina. Según ese trabajo, estas transformaciones configuran nuevas formas de vida, redefinen qué significa «trabajar» hoy y, por lo tanto, plantean desafíos para quienes aspiran a representar y defender a los trabajadores.

El estudio, titulado «Las y los novísimos trabajadores: ¿Cuántas changas para un salario digno?», que fue elaborado por un equipo de sociólogos y politólogos, sostiene que la digitalización, el avance de las plataformas, el emprendimiento y el pluriempleo modifican las condiciones laborales y las identidades de quienes trabajan. En otras palabras, estas nuevas formas de trabajo ya no son vividas simplemente como estrategias de supervivencia, sino como espacios donde se sedimentan sentidos de libertad, autonomía y éxito personal.

Uno de los ejes centrales del informe es el fenómeno del pluriempleo. La posibilidad —y muchas veces la necesidad— de tener varios trabajos de manera simultánea, entre ellos changas, actividades freelance, emprendimientos digitales o trabajos en plataformas como Uber o Rappi, genera identidades laborales múltiples y cambiantes. Así, un mismo individuo puede ser a la vez empleado estatal, conductor de plataforma, criptoinversor y revendedor online.

Esta combinación de actividades no es sólo una estrategia económica frente al deterioro salarial, sino también una forma de apropiación simbólica del tiempo y la vida. Muchos trabajadores resignifican el pluriempleo como «flexibilidad» y lo asocian con la idea de «tomar las riendas» de su destino. En ese sentido, la precariedad es narrada, en parte, como una oportunidad basada en el mérito y la autodeterminación.

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Otro elemento destacado por el informe es el rol creciente del hogar como espacio de trabajo. Esta transformación, acelerada por la pandemia, permite a muchas personas escapar de la inseguridad urbana o el transporte público, y volver a pensar el hogar como un lugar «seguro» desde donde generar ingresos. Esto se entrelaza con la expansión de Internet como «tierra de oportunidades», donde el extractivismo digital —desde apuestas online hasta ventas en redes sociales— se convierte en una estrategia cotidiana de subsistencia.

Especialmente para los jóvenes y las mujeres, esta economía digitalizada ofrece una mezcla de autonomía, flexibilidad y posibilidad de ingresos inmediatos. No obstante, también introduce nuevas formas en el mundo laboral, como horarios difusos, falta de derechos, dependencia de algoritmos y plataformas que no garantizan estabilidad alguna.

Una de las tesis del informe es que la vida misma ha comenzado a ser concebida como un proyecto de inversión. En este escenario, los trabajadores adoptan, voluntariamente o por necesidad, lógicas empresariales aplicadas a su tiempo, su imagen y sus habilidades. Así nace la figura del «héroe individual», convencido de que su éxito depende exclusivamente de su esfuerzo.

En estos tiempos, este imaginario es interpelado y promovido por discursos libertarios, que prometen libertad económica, autosuficiencia y riqueza rápida. Según el informe, la ciudadanía social —aquella que se construía a partir de derechos garantizados por el Estado y la acción colectiva— cede lugar a una «ciudadanía económica» que valora más al productor-consumidor que al trabajador con derechos.

Sin embargo, el informe advierte que, si bien estas nuevas formas laborales son resignificadas como libertad o autonomía, entre muchos trabajadores persiste una sensación ambigua. La supuesta flexibilidad es vivida, en los hechos, como sobrecarga y autoexigencia constante. La posibilidad de éxito individual convive con el cansancio, la incertidumbre y la falta de garantías básicas. En este terreno movedizo, las identidades laborales se vuelven inestables y múltiples, pero también frágiles.

El estudio sostiene que sindicatos, partidos políticos y organizaciones sociales enfrentan hoy el desafío de repensar sus estrategias ante nuevos trabajadores que ya no responden al modelo industrial clásico. Las y los «novísimos trabajadores» tienen preocupaciones distintas, trayectorias laborales discontinuas y referencias simbólicas más ligadas al emprendimiento que a los reclamos de grupo con intereses comunes.

Ante este escenario, es necesario imaginar formas innovadoras que reconozcan la complejidad del presente, sin caer en nostalgias ni adaptarse ciegamente a las lógicas deshumanizantes del mercado. Recuperar un horizonte, sin negar los deseos de libertad y reconocimiento individual, se vuelve un objetivo para quienes buscan reconstruir un nuevo mundo del trabajo que no agrave las desigualdades.

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